¿Qué es el gen asiático 'del alcohol'?

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Cada vez que mi mamá tomaba alcohol, se ponía más roja que una manzana. Le explotaba la cabeza y arrastraba la voz después de literalmente tomarse una. Debo agregar que ella es de Hong Kong y que ahí prácticamente todo el mundo se da cuenta: seguramente están pensando: se trata del 'gen asiático'. Por esta razón, ha estado sobria durante aproximadamente dos décadas.

La cara enrojecida que se asocia con el consumo del alcohol es de hecho común entre los asiáticos orientales y sudorientales, pero suele conocerse poco sobre el tema. ¿Significa entonces que los bebedores con estos síntomas están realmente más borrachos o simplemente parecen estarlo? ¿Y por qué los caucásicos y otras razas aparentemente no son susceptibles?

Comencemos por desmentir un mito o dos. El estereotipo común de que los asiáticos se emborrachan más rápido o más fácilmente es en realidad una falacia. En el sentido estricto, no es que estén más "borrachos" de manera convencional, sino que convierten el alcohol a un ritmo más rápido, pero luego no pueden metabolizarlo por completo, lo que a su vez causa la dilatación de los vasos sanguíneos, dolores de cabeza y náuseas, y todo esto se puede confundir con estar borracho con tan solo una copa.

Entonces, ¿por qué sucede esto exactamente? Hay dos pasos cruciales para entender este fenómeno. El primero es que hay una variante en el gen que crea la enzima alchohol deshidrogenasa que se usa para poner en marcha la metabolización del alcohol convirtiéndolo en acetaldehído. La variante aumenta la eficacia de la enzima hasta 100 veces y, como el acetaldehído es un carcinógeno tóxico, probablemente los bebedores asiáticos no experimenten el fervor eufórico que acompaña una copa del alcohol, sino dolor de cabeza y náuseas.

Por lo contrario, existe una variante genética que hace que la enzima llamada acetaldehído deshidrogenasa (ALDH2) sea menos eficiente. Esto significa que el hígado no puede convertir el acetaldehído en acetato, lo que causa que el acetaldehído se acumule en el hígado y, a su vez, cause que los vasos sanguíneos se dilaten, causando que la gente se sonroje.

Pero es importante reconocer que el la reacción o síndrome de sonrojarse a causa del alcohol, por llamarlo de alguna manera, no es solo una aflicción incómoda con efectos secundarios cómicos. En realidad se trata de un problema de salud a menudo ignorado con serias implicaciones: es una señal de que los bebedores son más susceptibles a desarrollar cáncer de esófago.

En un estudio de 2009 publicado en la revista de la Public Library of Science, los científicos estudiaron que los pacientes con esta reacción que bebieron tan solo dos cervezas al día tenían 10 veces más probabilidades de desarrollar cáncer de esófago en comparación con alguien capaz de metabolizar el alcohol de manera adecuada.

Sin embargo, estas variaciones genéticas también podrían ser una bendición. Debido al aumento de la velocidad de los efectos negativos (similares a los de la resaca), las tasas de alcoholismo en los asiáticos y algunas poblaciones del Medio Oriente y del norte de África, que también se ven afectadas por la enfermedad, son relativamente bajas en comparación con las de occidente.

Además del lado fisiológico de esta reacción, también existe uno psicológico. A muchos bebedores se les dificulta salir y socializar cuando los efectos del alcohol son tan obvios, lo que provoca que personas como mi madre eviten el alcohol a toda costa (aunque es interesante que mi madre y mi hermano sufran este padecimiento, y mi padre y yo no).

Se han desarrollado medicamentos para suprimir los efectos secundarios del síndrome de sonrojarse a causa del alcohol y para sacar provecho de la ansiedad de las personas (puedes encontrar cientos de remedios caseros para curarte en YouTube), pero sólo funcionan para limitar los efectos y en realidad no existe una cura real para la causa ya que es, en definitiva, un problema de genética. Y como dichos medicamentos, que a menudo son histaminas y que por su naturaleza suelen usarse con alcohol, ponen potencialmente a quienes los toman en un mayor riesgo de contraer una enfermedad hepática.

Dicho lo anterior, la mayoría de las personas a las que les afecta este mal se niegan a permitir a que se convierta en un pretexto para no pasar una buena noche. Antonio Lai, bartender de Quinary bar en Hong Kong y consultor de Multisensory Mixology, dijo que los dueños y la seguridad del bar reconocieron que sus clientes no están necesariamente borrachos sólo porque tienen la cara roja, y tampoco hacen que los bartenders modifiquen sus recetas de bebidas o sus menús de coctelería.

"Realmente no te das cuenta", dijo. "Incluso después de una bebida o dos. No es un indicador de si una persona está borracha o no. No afecta las bebidas que hago, pero las hago a la medida de los gustos locales. Los clientes en Hong Kong prefieren sabores más dulces con un un sabor menos fuerte de alcohol. Si un cliente ya se tomó algunas copas, verifico si está bien independientemente de si se puso rojo o no.

"Una buena manera de saberlo es platicando con el cliente, viendo cómo está y midiendo la situación. No cambia la forma en que los trato".

Esta reacción se trata de un problema que se ignora en gran medida en Asia y en la medicina occidental. Es el tema de conversación en muchas noches de copas con bebedores asiáticos, pero ahora hay cada vez más pruebas para demostrar que no se trata de una broma.

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