Hans Backhoff

Escrito por: Daniela Valdez

Es heredero del nombre de uno de los personajes más importantes en la industria vinícola en México, quien desgraciadamente falleció en fechas recientes, y quien será recordado por llevar Monte Xanic a la cima, el Doctor Hans Paul Backhoff.

Hoy, la nueva generación de vitivicultores mexicanos con las altas y bajas que nos trae esta industria nos han demostrado que es verdad el dicho que reza “hay algunas cosas que aprendes mejor en la calma y otras mejor en la tormenta”. Son jóvenes que prácticamente se formaron en las tierras y valles donde se produce vino en el país, y heredaron de sus padres no sólo el amor por los caldos, sino también el talento y el conocimiento que solo se obtiene en la labor del día a día. El mejor ejemplo de lo anterior es Hans Backhoff, hijo del “doctor”, como se le llamaba cariñosamente al socio fundador de Monte Xanic.

Backhoff estudió Ingeniería en industrias alimentarias, y obtuvo un MBA por la Universidad de Cardiff, Inglaterra. Más adelante se formó como enólogo en Burdeos, donde colaboró en distinguidas casas como Chateau Lafite Rothschild, Chalone Wine Group y Chateau Calon Ségur. Desde 2008 es el Director General de una de las empresas más respetadas no sólo en el Valle de Guadalupe, sino en el mundo entero. No sorprende que con gran frecuencia Monte Xanic gane medallas y reconocimientos internacionales. Por si fuera poco, fue designado como Presidente de Provino y Secretario técnico del Consejo Mexicano Vitivinícola.

Llegar a Monte Xanic es como desembarcar en un sueño: kilómetros y kilómetros de un paisaje verde en desnivel -con millones de uvas sembradas- se funden con un lago imponente y una vista al valle incomparable. Y al interior, la palabra 'excelencia' cobra sentido cuando recorremos la planta y somos testigos de sus procesos de elaboración, y aún más cuando probamos sus creaciones más novedosas. El año pasado, antes de arrancar el Festival de las conchas y el vino nuevo, tuve el gran honor de compartir sala con el Doctor, quien habló de vinos como pocos, y nos mostró su más grande creación, el primer vino ultra premium de México, Gran Ricardo. Tres décadas de experiencia en el mundo de los vinos, un conocimiento científico detrás y gran pasión, sin duda uno de los hombres más grandes de la industria.

Sin embargo, platicar con el heredero a la dirección de estos maravillosos caldos no tiene desperdicio. Se nota que este hombre sencillo y respetuoso se sabe privilegiado al trabajar su tierra y convertir simples frutas en elíxires extraordinarios. A la par de sus responsabilidades en la empresa, Backhoff tiene como principal cometido exponer las maravillas del valle, sin importar si se trata de sus etiquetas o las de sus colegas. Se ha dicho hasta el cansancio que su visión innovadora ha aumentado las ventas, los productos y el prestigio de la casa (que no eran para nada pequeñas cuando tomó las riendas), sin embargo, en sus palabras se nota que el compromiso va mucho más allá: el joven empresario está enamorado de la uva, de Monte Xanic, pero también del Valle de Guadalupe y de su país, por lo que enaltece con emoción y cariño el vino mexicano, y destaca la misión en la que lleva años trabajando: llevar el vino mexicano a nuestra mesa como llevamos a diario una tortilla, frijoles o chiles.

Como parte de Provino, asociación que nació hace 25 años y se dedica a incentivar la cultura del vino a nivel nacional y que hoy cuenta con el apoyo de más de 40 casas, nos cuenta que el consumo del vino mexicano dentro del país se ha triplicado, sin embargo, aún no es suficiente, pues se sabe que esta industria en el país es joven y que crece a cada día: se calcula que hay más de 100 casas al día de hoy. Se dice fácil, pero la inversión para sembrar una hectárea y los cinco o diez años que tarda un inversor en recuperarla no es cualquier cosa. Éste es un negocio para valientes, pero también para apasionados, y lo anterior se refleja en cada una de sus botellas, que fuera del esnobismo que las rodea -desgraciadamente este tema sigue considerándose como exclusivo para un cierto sector de la sociedad, cuando en realidad el vino mexicano tiene precios accesibles- están pensadas como parte de nuestra dieta para conseguir una vida saludable siempre y cuando no abusemos.

En resumen: ¿Por qué llegamos a un restaurante y probamos un vino francés, chileno o español antes que uno de nuestra tierra? Personalmente les puedo decir que no es necesario pisar la ruta del vino -aunque es una experiencia maravillosa- para entender que esta industria en México crece a pasos gigantescos: lo dicen las ventas, los expertos, los consumidores y los concursos internacionales, pero también lo dicen los aromas y el paladar: hoy más que nunca, destapar una botella de vino hecha en México es un sinónimo de calidad. Los invito a juzgar por ustedes mismos: la próxima vez que duden sobre qué vino comprar, fíjense que diga Hecho en México, pues es la mejor forma de apoyar a nuestros productos pero también a la gente apasionada, experta y trabajadora que hay detrás de ellos (por ejemplo, solamente de Monte Xanic dependen 150 familias de la comunidad), además de todo lo que el vino ha generado en la región: una explosión gastronómica, turismo, y un sinfín de atracciones alrededor. Brindemos por los valientes, claro, con uno de sus vinos.

Edad:
0

Originario de:
Ensenada, México

Profesión:
Director de Monte Xanic

Trabaja en:
Valle de Guadalupe, México

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